Febrero aleatorio y oscilante

Febrero, ha sido uno de los meses más «montaña rusa» que he tenido desde aquella vez que hice las maletas y me vine a España. Todos estos eventos, tareas aleatorias, momentos que recordar, noticias que quisiera olvidar habían permanecido en un borrador porque no tenía ningún ánimo para publicar. Por supuesto, la razón tiene nombre de país, mi país: Venezuela.

La mitad de esta entrada estaba escrita desde hace dos semanas. Y no la voy a editar porque fue redactada con la emoción del momento. La sección final fue agregada en los últimos días y compartida en Facebook.

Teatro. Emilia, se llama la obra. Sales con el corazón en el estómago por tantas emociones. Es una obra que se graba en las pupilas, es como si te quemara por dentro, porque de alguna manera te habla a ti, de ti, o de los tuyos. ¡Y esto no lo digo a la ligera! Mis amigos salieron con la misma sensación de «ese soy yo o fue alguna parte de mí». Sé que la mayoría de personas que me leen, son de Venezuela y que por lo tanto no tendrán la oportunidad de verla… Pero realmente esa no es la moraleja. Ver teatro, mucho teatro: bueno, malo, drama, comedia antes que plantar el trasero en el sofá.

Perro nuevo. Sí, señor un perrito nuevo en casa. Uno de lana y algodón. Desde que abrí la tienda de Le Crochet, no he podido hacer nada para mí, para la casa. No debo mentir, tengo varios proyectos que he empezado, pero aun esperan por mí. Así que haber terminado este cojín y que haya quedado tan bien, a pesar de ser el primero: ¡Hurra! Voy a ir turnando su lugar: un tiempo en la sala, luego en el cuarto, en la repisa. Es que me encanta.

cojin a crochet de perro

Pedida de mano. Esta historia va colada, porque no me pertenece, pero no puedo dejarla pasar. Ya les conté, que tenemos visita desde Venezuela. Todas sabíamos, que existían altas probabilidades que le entregaran «la roca»; es decir que le pidieran la mano. Luego de una investigación corta y precisa, Xavier me dijo que sí, que le iba a pedir la mano. ¡Tranquilo que ya la ayuda va en camino!

A través de un chat de Whatsapp, todas las chicas comenzamos a plantear ideas posibles: desde una pedida romántica en el templo de Debod, pasando por algo inesperado como el Museo del Jamón hasta propuestas más producidas con flashmob incluido. Las ideas estaban listas, yo era la mensajera. Quedé con ellos el jueves en Madrid. Vaya sorpresa, Xavi decidió muy rápido. Esa tarde en la azotea del Círculo de Bellas Artes, fui testigo de la pedida de mano. ¡Qué emoción haber formado parte de eso!

pedida de mano

 

Mensajes a García y San Valentín para los excluidos: este proyecto surgió a partir de una idea de Carola, de una café en la estación de Atocha y desde aquel día hasta ahora pues hemos encontrado muchas ganas de convertir este proyecto en un lugar común donde volcar ideas. La primera de ellas fue enviar un mensaje positivo al mundo, aprovechando una fecha en la que se habla de amor. Bien pues hablemos de amor, por uno mismo, hacia el otro, y hacia el mundo.

Pueden seguir nuestro proyecto en Facebook aquí  

Venezuela y mis fases: he tenido dos semanas en las que mi cabeza no para de pensar, de vivir una locura a un ritmo sin sentido hasta llegar al agotamiento. Sentir la necesidad de protestar, pero con la obligación de continuar llevando «la rutina diaria». Intentar hacer «vida normal», cuando mi país se cae a pedazos y en esa fractura se lleva por delante a la gente que más quiero. No supe lidiar con eso.

Miedo, impotencia, rabia. Odio.

Miedo de despertar en la mañana y leer aterrada todos los mensajes de mis grupos de Whatsapp. La espera de casi 4 horas para despertar a mi familia y saber que lograron pasar la noche bien.

Mi facebook personal se ha convertido en un medio de repetición de noticias, en un intento desesperado de  llegar a los pocos que conozco que no son de Venezuela, y de comunicar al mundo -al menos a mi pequeño mundo exterior- los difíciles días que se viven en mi país. 

No escribir nada en el blog. Olvidarnos de todo lo que no estuviera sujeto a Venezuela. Ver , leer, palpar con dolor la locura de cada lado, los extremos y las opiniones radicales.

La pérdida de valores y de aquellos que representaban a la Venezuela en la que crecí. Aquel país del tío Simón que cambiaba chinas por un juego educativo. Tener sueños extraños, como ese en el que el Tío volvía vestido de blanco como Gandalf, a cambiar armas por flores, insultos por halagos, guarimbas por partidas de dominó.

Hoy, no sé qué ocurrirá en los próximos días. A veces quisiera poder adelantar esta película para ver el final, porque la trama se está haciendo demasiado intensa y demasiado larga, aun en la distancia.

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