Mario y Carmen

 

Las horas de espera para hacer transbordo son una desgracia. Pero he aprendido a quererlas y a aprovecharlas. Bueno, no las mías, las de mis tíos. Suelen venir desde Canarias, y para abordar el siguiente avión que los lleve a sus vacaciones, pueden esperar desde unas 4 horas o incluso hasta un día.

Cualquier lugar es bueno para aprovechar ese tiempo, desde una cafetería en el aeropuerto hasta el centro comercial.

Ayer pasamos la tarde del sábado juntos, entre historias sobre Las Palmas, adivinanzas de lógica que nos hacían unos amigos de sevilla – compañeros de viaje de mis tíos- tintos de verano y tapas.

Cada vez que nos vemos, vienen cargados de regalos, ellos no pierden oportunidad para llenarme de detalles. Siempre les digo que no es necesario.  “Hemos perdido demasiado tiempo y demasiados momentos de nuestras sobrinas”. Esa fue su respuesta ayer.

Esa frase se clavó en el centro de mi corazón. Los entendí perfectamente. Es el mismo sentimiento que me da vueltas por la cabeza, el pecho y el corazón cuando pienso en Sebastian. Es maravilloso, sentirse tan querida a pesar de la distancia, del tiempo que no hemos estado juntos, a pesar de ser prácticamente “desconocidos” de nuestra vida diaria.

Hay nexos que son más fuertes que cualquier cosa, definitivamente…

Por cierto, aprovecho y les dejo un par de las adivinanzas de lógica:

“Entre un padre (cura) muy alto a un bar y uno de los que está en la barra dice: “Vaya cura”. A lo que le responde otro hombre, que estaba sentado al fondo: “El padre de ese padre, es el hijo único de mi madre” ¿Quién es el hombre?

“100 cazadores cazando, 100 palomas volando. Cada cual mató la suya y ¡99 se fueron volando!”

¡A partirse el coco buscando la respuesta! Si creen saberla, déjenla en los comentarios (abajo)

 

 

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