MUSE: mi primer concierto visto por completo de espaldas a la tarima

Ese pudo haber sido el título de este post. Y casi lo fue. Comencemos por el principio. Este sábado, Gian y yo fuimos al Palacio de los Deportes en Madrid para el concierto de Muse. Mi chico es bastante planificado como buen concertholic, así que llegamos dos horas antes y para nuestra sorpresa la fila era bastante larga.

Una vez adentro, la estrategia es buscar el mejor lugar para que mi humanidad de 1,50 metros pueda disfrutar del concierto. Conseguimos lo que parecía un buen lugar: delante de la cónsola, en todo el medio del escenario; además, uno de los chicos de seguridad detrás de nosotros era amigo nuestro: perfecto.

Arranca la primera banda: The Joy Formidable y definitivamente el lugar era el indicado… Hasta que empezaron a llegar más y más españoles, cuya altura promedio es de 1,75 metros. Y allí se acabó la magia. Intenté buscar un nuevo sitio, pero estaba completamente rodeada de murallas humanas. ¿Qué se hace en ese caso? Amargarse un poco, y pues dejar que al menos Gian disfrute del concierto, así que se ubicó unos pasos por delante.


Y yo, en medio de mi aburrimiento y amargura, decidí entretenerme viendo a los técnicos que lidiaban con algún problemilla, justo antes de comenzar el concierto. Y de repente, frente a mi: dos televisores desde los que se podía ver lo que ponchaban las cuatro cámaras que grababan el concierto. Pasé de no ver nada, a tener lo más cercano a una experiencia home theater en 3D.

Allí estaba Muse, a mis espaldas tocando, allí estaba el público viéndolo, y allí esta yo de frente a la cónsola viendo por cámaras todo lo que pasaba. Inmediantemente se fue la amargura, y hasta me parecía chistosa toda la situación. ¡Tremenda historia tenía para contar en el blog! Ya hasta tenía el título.

Pero un giro inesperado y maravilloso del destino cambió todo, Tom Kirk, el manager de la banda quien además es el encargado de las visuales del concierto, por alguna razón se fijó en mi. Bueno era claro, no es normal tener a alguien viendo hacia la cónsola, cuando a sus espaldas hay todo un espectáculo audiovisual. Se acercó  y le dijo al chico de seguridad -casualmente mi amigo- que me dejara pasar.

Si. Esa misma cara de anonadada puse yo. Brinqué en menos de un segundo la cerca, y disfruté de la otra mitad del concierto, montada en una banco. Por encima de todos, sin nadie que me apretujase. En mi pequeña y perfecta área VIP, a la que por unos minutos se unió Kate Hudson para ver a su chico cantar un par de canciones.

Y con el último “bang” de la batería, apenas se encendieron las luces, me acerqué a Tom, y le di las gracias. Él con una sonrisa me dijo: “Me di cuenta que no podías ver nada, y no era justo” Extiende su mano, y me regala el playlist de la banda. Salí con una sonrisa, el pecho hinchado de felicidad, absolutamente afectada por su amabilidad y bondad.

Tom Kirk, el héroe que salvó mi concierto, es el título real de este post.

 

2 comments

  1. Mariana says:

    He visto escuchado un montón de conciertos justo en un lateral de esa cónsola… pero jamás he tenido tan buena suerte como tu. Me alegra mucho saber que alguien que mide 1,50m como yo, por fin ha sido comprendida y favorecida. Tengo esperanzas… jajaja

    • tiby_fuentes says:

      Si! Recemos por un mundo con más Tom Kirk. Incluso, un mundo en el que por cada chica como nosotras, hay un tom kirk, haciéndola saltar la cerca.

      La esperanza es lo último que se pierde.

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