¡Pichiminichi!

Con nuestro primo Jampy

Pichiminichi. O Pichi Minichi. Nunca sabremos realmente cómo se escribe. Pero así le decía un amigo español de mis abuelos a mi hermana.

Ese nombre la describe perfectamente. Ella es explosiva, divertida, creativa, tan dura como un boxeador con las palabras, pero un boxeador relleno de algodón de azúcar rosa.

Nos llevamos 7 años de diferencia. Creo que para nosotras es el tiempo perfecto. De habernos llevado menos, habríamos sido un dolor de cabeza para cualquiera. Sólo imaginarme aquel capítulo en el que la conseguí, con un ken cuya cabeza ardía en fuego, sólo porque ella quería ponerle un look más “manejable”… Imaginarme si en vez de 19 años, yo hubiera tenido un par más que ella… ¡Habríamos incendiado la casa!

De habernos llevado más años, jamás habría tenido que probar mis terribles intentos de comida: arroz duro, pollo con burbujas explosivas y desagradables de leche, tortas pasmadas. Ni siquiera hubiéramos recorrido juntas el camino de vuelta del cole a la casa, en dónde recogimos aquel pichón de pájaro, que en menos de 4 horas se fue volando de casa.

Hoy es su cumple. Y sólo puedo esperar el momento en el que se conecte a Skype, para cantarle cumpleaños con unos cupcakes, que por tradición, la mitad se me quemaron, y la otra mitad quizás haya quedado cruda… Si no nos lleváramos 7 años, quizás los cupcakes habrían quedado de maravilla, o por otra parte hoy no me podría despertar de la resaca de haber salido a “rumbear” con ella.

Pero Pichiminichi o Pichi Minichi y yo nos llevamos justo 7. Y hoy ella cumple sus 25 años.

¡Feliz cumpleaños Pichiminichi! 

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