Postales de Tiby: Cho, Gofio y ¡Atis Tirma!

Querido Sebastián,

Cuando tenía tu edad (y mientras fui creciendo, poco porque sólo mido 1,50) en nuestra casa se oía perfectamente la pronunciación castellana de mi abuela Bertha, con el acento sabrosón de mi abuelo “El Profe”.

En nuestro pequeño mundo habitaban palabras como gofio, lugares como “Escaleritas”, “Las Canteras”; expresiones como “mi niña”, “cho!” “Atis Tirma” y sonidos como “Isas” y “Folías”. Era demasiado común en nuestro día a día, tanto que jamás pensábamos de donde salían, porque claramente venezolanas no son.

Mudarnos a España ha sido un reencuentro con el pasado, o más bien un “entender mis raíces”. Y de eso ya te he hablado muchas veces.

Hace apenas un mes viajé por primera vez -al menos conscientemente- a Gran Canaria. A casa de mi mamá, que aunque duela siempre ha sido “la gran olvidada” en nuestra historia; es lo que tiene criarse con la familia paterna. Todo hay que decirlo.

Pero, también es cierto, que crecimos escuchando a mi abuela hablarnos de nuestros primos: “David y Samuel, y Miriam que tiene tu misma edad, Tiby”; que mi mamá nos hablaba de sus hermanos: Sarito, Juani, Servando y Mario; que cada viaje de mi abuela a España implicaba volver con muchos regalos de parte de Mario y Carmen, algunos de ellos que conservamos por muchos años. (¿Sabías que dormí con un peluche de Arlequín que me regalaron mis tíos hasta que me casé?)

Estaba un poco asustada y supongo que es normal, 15 días en casa de mi familia materna a la que conocía por fotos y encuentros fugaces en el aeropuerto, en estos tres años. Pero, “la sangre llama” y eso es tan cierto que tuve la sensación de “volver a casa” más que un viaje de vacaciones.

Volver a casa. Una casa que siempre ha existido para nosotras y que siempre ha estado allí. Porque hay hilos invisibles que no se pueden romper. Como el que tenemos tú y yo a pesar de los kilómetros de distancia. Como el que tenemos tu mami y yo con la familia Herrera.

En Venezuela se acostumbre a usar el primer apellido nada más. Muchas veces olvidamos el segundo. Hoy en día, debo decir que soy la feliz portadora del Herrera-Almeida. Porque yo no soy simplemente Tiby Fuentes. Yo soy Tiby Fuentes Herrera.

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